Proyecto N° 35/2017

    PROYECTO DE DECRETO DR. HECTOR A. TABORDA

    Visto que en el corriente año se cumplen 100 años del fallecimiento del DR. HECTOR A. TABORDA, y en este marco se  presentará el libro realizado por el Dr. Eduardo González sobre su vida, a llevarse a cabo el día 15 de julio de 2017 en  la Casa de Susana Esther Soba, espacio del cultura; y

    Considerando:

    Que, a fin de fundamentar el presente proyecto, tomaremos la sensibilidad y la fuerza de los conceptos del Ideario del Dr. Héctor A. Taborda, que escribió a los cincuenta años de su muerte, la poeta saladillense, Susana Esther Soba. Por lo que gran parte de éstos, forman parte de los presentes considerandos;

    “ Creemos que más de un habitante de Saladillo de hoy, especialmente los niños, los adolescentes, los jóvenes, los adultos que vinieron de otros lugares para afincarse en nuestro medio, se preguntarán frecuentemente frente a su nombre: ¿Quién era Taborda?¿Cómo era?¿De dónde venía?.
    He aquí la respuesta.
    El Dr. Héctor Taborda era Entrerriano. Había nacido en Concordia en el año 1880.
    Cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, completándolos luego en el Colegio Nacional de Buenos Aires.
    Ingresó a la Facultad de Medicina en 1902 y egresó de la misma, con el título de la especialidad, en 1910, debiendo trabajar para costearse sus estudios.
    Fue uno de los precursores de la Reforma Universitaria. Primer presidente del Círculo Médico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina, que él fusionó en un solo organismo. Director de su Revista. Practicante del Instituto de Criminología de la Penitenciaría Nacional que dirigía José Ingenieros, a cuyo lado elaboró Taborda gran parte de su cultura. Presidente del Segundo Congreso Internacional de estudiantes Americanos celebrado en Buenos Aires en 1910. Autor de una admirable tesis doctoral: “Los factores del delito”. Organizador de los Centros de estudiantes y fundador de la Federación Universitaria Argentina.
    Además se destacó por sus excepcionales condiciones de escritor, orador, periodista, polemista, maestro.
    Y por sobre todo, fue un visionario. Un precursor. Un anticipado a su época y a su ambiente. Un fermentario.
    Cabe preguntarse: ¿Por qué este hombre que era la cumbre más alta, más serena, más lúcida de su generación, una generación a la que pertenecían valores como Nerio Rojas, Osvaldo Loudet, José Ingenieros, Bernardo Houssay, por qué este hombre de quien precisamente el doctor Nerio Rojas dijera;
    “ mi generación perdió con su muerte una gran fuerza espiritual”, para repetir luego las palabras de Juan Jacobo Rousseau en su “Emilio”: “ Convengo en que cuando mi discípulo salga de mis manos no será ni magistrado, ni militar, ni sacerdote; será primeramente hombre”, para agregar después que Taborda realizó siempre la original conquista de ser el Rousseau y el Emilio de sí mismo; por qué este hombre, decimos, de quien el Círculo Médico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina confirmara que fue uno de los conductores más talentosos e idealistas que tuvo la juventud estudiosa de Buenos Aires dejó un día la ciudad inquieta, los amigos prominentes, los compañeros de lucha, las oportunidades de una vida más acorde con su nivel espiritual, para radicarse en una modesta y oscura casi aldea de campaña, entre gentes simples, entre vecinos sencillos, en una calle solitaria, y polvorienta como todas las calles de entonces, a curar chacareros y gringos, chicos de las quintas y peones; a saludarse con labriegos y almaceneros; conversar con herreros, boticarios y comerciantes; a encender sueños como banderas vivas en unas muchachas, que querían ser otra cosa además de muchachas, porque ya la vocación crecía en ellas y sólo faltaba que alguien lo adivinara y lo encauzara; crear, en fin, ese aire, esa luz, esa cosa imponderable que permitiera ver, detrás de la luz y el aire físico, un cielo más alto todavía, más seguro, más amplio, más consolador?
    A veces, los hechos aparentemente triviales y comunes originan, de pronto, un acontecimiento de importancia decisiva para la vida de un hombre o una sociedad.
    Así la incorporación de Taborda a nuestro medio, reconoce su origen en la amistad que lo unía al doctor Domingo Bobba quien, por aquellos años, ejercía su profesión de médico en la vecina localidad de Roque Pérez.
    Al tomar unas vacaciones el doctor Bobba para viajar a Tucumán, le ofreció a Taborda su consultorio para que lo atendiera durante su ausencia.
    Coincidentemente, en aquel entonces murió en saladillo el doctor Juan Ferri y Taborda vino para asistir a su entierro.
    Conversa aquí con algunos amigos, entre ellos el señor Donato Cotignola con quien se conocía, lo mismo que con su hermano el doctor Miguel Cotignola desde las aulas universitarias, y le convencen entre todos de la necesidad de llenar aquí la vacante dejada por el doctor Ferri.
    Corre el año 1911.
    Y ya le tenemos, pues, entre nosotros, para ventura y gloria de un Saladillo que tuvo en Taborda y por Taborda, el movimiento cultural y ascensional más importante que se registra en su historia.
    Y no olvidemos que esa historia tiene ya más de un siglo, y que esta presencia viva cumple en ella, cronológicamente, la brevísima trayectoria de siete años.
    Si nuestra ciudad es hoy, todavía, en la era de la racionalidad y la cibernética, del radar y la televisión, de los aviones supersónicos y los viajes espaciales, un pueblo campesino, pequeño, prejuicioso, con demasiadas  rencillas domésticas y demasiadas tradiciones inútiles, que no sería entonces, en aquellas época en que lo normal era precisamente eso: la limitación, el acatamiento a lo establecido, el temor a todo lo nuevo.
    El doctor Taborda llega.
    Y cuando llega, se da a la tares de despertar, sacudir, agitar, revolucionar, mover y conmover a la sociedad lugareña de entonces, no muy distinta a la de ahora, caudillista, fetichista, paralizante y retrógrada, salvo las excepciones de rigor.
    Para ello, todos los medios son válidos.
    Dicta conferencias. Pronuncia discursos. Colabora en  los periódicos locales. Preside la Comisión Constructora del teatro Marconi y la Comisión de Fomento de la Escuela N° 1, que se creó en el año 1915 para cooperar a que aquella pudiera cumplir eficientemente su cometido. Promueve y organiza las reuniones de los martenses como una forma necesaria de la sociabilidad, las que se realizaban los días martes, de ahí su nombre, en la trastienda de la Farmacia Cotignola y constituyeron, Medicina Legal y nivel Universitario. Y funda la Escuela Normal Popular que fue inaugurada y reconocida oficialmente el 9 de julio de 1914.
    Aquella, de la que egresaron las viejas y ejemplares maestras de Saladillo, y que significó un verdadero  centro de influencia, ya que eran muchos los estudiantes de pueblos vecinos y zonas rurales que se preparaban en sus aulas o rendían sus exámenes libres en ellas.
    Aquellas, de puertas abiertas, sin diferencias de ideas, ni de clases, auténticamente democrática, gratuita, laica, sarmientina, puesta al servicio del pueblo.
    Y todo ello, siempre en función de futuro, de esclarecimiento, de emancipación individual y colectiva, de verdadera promoción de la comunidad.
    Precisamente por eso también, Taborda fue negado, postergado, combatido.
    Los espíritus mezquinos, los miopes mentales, los cerrados, los quietos, los cómodos, los egoístas, los indiferentes, no podían perdonarle su ardor, su empuje, su militancia, su altruismo, su verticalidad.
    Pero como  el bien a la gente hay que hacérselo aun separándose de ella, a pesar de ella, y generalmente contra ella, Taborda hizo todo el bien que se obligó a hacer, con esa serenidad, esa seguridad y esa continuidad, propia de los fuertes y los visionarios.
    Y por ser este tipo de hombre, por participar de la naturaleza de los idealistas y de los heroicos, él no ha pasado.
    Sigue siendo actual.
    Asombrosamente actual.
    Más aún: Es todavía el hombre del futuro.
    Y seguirá siéndolo, hasta tanto la sociedad no se estructure sobre aquellas bases de igualdad, libertad, justicia, progreso y paz, que él soñara y predicara como un profeta de los tiempos nuevos.
    Saladillo, que lo ha declarado su hijo adoptivo, lo ha honrado imponiendo su nombre a la Escuela Profesional N° 1, a un aula de la Escuela Primaria N° 1 y a una calle céntrica.
    También ha colocado una placa en la casa donde vivió y murió, y ha erigido un monumento a su memoria en el cementerio local.
    Ahora creemos que el mejor homenaje al maestro en el cincuentenario de su muerte, acaso el más fecundo, sea difundir su ideario, tan vivo, tan rico, tan vigente y actual, que podría encender hoy, en el mismo escenario de su quehacer y de su lucha, idénticas pasiones encontradas, iguales juicios polémicos, parejas inquietudes intelectuales o afectivas, como las que él protagonizara hace ya más de medio siglo.
    He ahí la segura, la imbatible vida que se impone a su muerte.”

    Que, EL Ideario del Dr. Héctor A. Taborda, de Susana E. Soba, tiene hoy plena vigencia, para fundamentar y declarar de interés toda actividad, que reivindique la vida de Héctor Taborda;

    Que, especialmente, la preocupación y dedicación que ha manifestado en más de una oportunidad por ello el Dr. Eduardo González, nos obliga a reivindicar su actitud en este sentido, con la próxima presentación de un libro de su autoría sobre el Dr. Héctor A. Taborda;

    Por todo ello el Bloque de Concejales del Frente para la Victoria presentan el siguiente:

    PROYECTO DE DECRETO

    ARTICULO 1°: Declárese de interés público municipal el presente año, Centenario de la muerte del Dr. Héctor Taborda y toda actividad tendiente a homenajearlo.

    ARTÍCULO 2°: Declárese de interés público municipal la presentación del libro del Dr. Héctor A. Taborda a realizarle el 15/07/2017 por el Dr. Eduardo González, en la casa Susana E. Soba, casa de cultura.

    ARTÍCULO 3°: De forma.